Reme Rabadán, «la zapatera prodigiosa», un oficio de los que ya quedan pocos y que demuestra que los oficios no «tienen género».

Juan Aguilar
JUAN AGUILAR

Reme Rabadán pasó su infancia y juventud en Barcelona y Madrid debido al trabajo de su padre, esta persona inquieta volvió a Hornachos hace ya 20 años ya que nos decía «que la capital no era precisamente el sitio donde quería vivir», quería volver a la tierra de sus orígenes y formar una familia en un entorno como es Hornachos, «lleno de naturaleza», por lo que ya traía la idea de «emprender», empezó con un herbolario y como artesana a fabricar velas, velas tanto para el tema religioso, como para el tema ornamental y decorativo, aunque debido a la crisis del 2.008 su negocio pegó un parón considerable, las velas también empezaron a llegar de países asiáticos que «aunque la calidad, materiales y diseños no fueran lo mismo», su precio era considerablemente más bajo por lo que no podía competir con esos proveedores.

Reme dio un rumbo nuevo a su actividad y se hizo zapatera un negocio muy especial, «Los oficios de Berta», un pequeño taller dedicado a la reparación y restauración de calzado; zapatera remendona como así se denomina Reme, lleva casi una década llevando a cabo esta labor; un negocio de los que ya quedan pocos.

REME - Yo hago un poco todos los trabajos de arreglo y reparación que se le ha hecho tradicionalmente a los zapatos y bueno, alguno más moderno que se le ha ido introduciendo. «Basicamente a lo que me dedico es a reparar y cambiar los desgastes que hayan podido tener los zapatos, bolsos, chaquetas... : cremalleras, suelas, tapas...cosas que por el uso o por el tiempo se van estropeando o desgastado.

Aunque lo habitual es que talleres de este tipo sean heredados, a Reme esto no le viene de familia, fueron sus ganas de seguir adelante y de continuar con un trabajo de tipo artesanal las que le llevaron a introducirse en este negocio tan particular.

REME - En realidad no me viene de ningún sitio porque no es algo que yo haya «mamao», que yo tuviera en mi familia, ni nada por el estilo, lo único que sucede es que mi actividad anterior se fue al «traste» después de la crisis del 2008 y yo tenía mucho interés en permanecer en el pueblo y en un local que era mío y que quería mantener, entonces mi madre me sugirió que porque no montaba una zapatería, que hacia bastante falta, que aquí en el entorno se había ido perdiendo el oficio y bueno busqué a alguien que me enseñara a realizar las reparaciones porque yo la formación como tal no la tenía, pero di con gente en Madrid que me asesoró, que me dieron la formación, me vendieron el material, la maquinaria y gracias a eso comencé esta andadura.

Finalmente consiguió hacerse un hueco en el pueblo, sus clientes más fieles hablan maravillas de ella, incluso hay gente que viene de otros sitios en busca de sus reparaciones.

REME – La gente es muy agradecida con lo que hago, en el sentido de que es una población de más de 3.500 habitantes con lo que afortunadamente «no falta trabajo», salgo a dos pueblos para recoger y entregar a la semana y también vienen de otras poblaciones cercanas más pequeñas donde tampoco hay ya ninguna persona que repare el calzado, cada vez la gente aprovecha más sus zapatos y puede darle «una segunda vida», antes de comprar.

El nombre del taller es un homenaje a un familiar y a una historia de la que Reme aprendió mucho.

REME - Buscando un nombre para el negocio me acordé de un libro que mi tío me regaló cuando era niña, era el libro de una niña Payesa que no le gustaban los oficios de las mujeres entre comillas, a ella siempre que le preguntaban decía que quería ser afiladora, Aguacil o Barbera, el caso es cuando yo empecé con esto dije pues Berta seguro que podría haber sido zapatera, y fue una manera de hacerle un homenaje a mi tío que había fallecido y con el que yo tenía una conexión especial , y por otro lado a esas mujeres que nos apetece hacer oficios que a lo mejor tradicionalmente siempre han sido de hombres pero que porque no podemos hacerlos.

La velocidad de consumo con la que vivimos hoy en día ha provocado que negocios como el de Reme se estén perdiendo; mucha gente piensa que ya no interesa arreglar las cosas que se estropean, pero la zapatera esta convencida de que las reparaciones volverán a tomar protagonismo.

REME - Tal como se están viendo las cosas y al ritmo que vamos no nos va a quedar otra que reparar, pienso que es un tema de conciencia social y planetaria, no podemos estar consumiendo a lo loco. Por ello me parece una gran oportunidad arreglar y dar una segunda vida a las cosas, el futuro pasa por la economía circular y no solo del calzado, sino de la mayoría de las objetos que usamos.

A pesar de ser un oficio tradicionalmente de hombres, Reme ha demostrado que los oficios no tienen género, aunque a algunos clientes aún le sorprenda. Ella como decíamos al principio es una persona inquieta y participa de numerosas actividades, como el teatro, también dice que le gusta mucho el campo y la naturaleza y las plantas en particular, además ha iniciado hace un par de años un proyecto de apicultura.