Carlos Palanco

Carlos Palanco, «cardiólogo y católico practicante», necesitamos una sociedad con más alturas de mira y menos crispación, empezando por la clase política y terminando por el españolito de a pie.

Juan Aguilar
JUAN AGUILAR

Hoy vamos a conocer un poco más a Carlos Palanco Vázquez, los pacientes que se acerquen por la consulta de Cardiología del Hospital de Mérida seguro que a más de un hornachego habrá atendido, se define además de médico POR SUPUESTO como «católico practicante», y afirma que «me gusta pensar que las personas que se acercan a mí se van al menos tan felices como han llegado o más felices aún si es que puedo ayudarlas en algo», vamos a conocerle un poco más en profundidad

Si te parece vamos a situar al lector, quien eres en primer lugar

CARLOS - Mi nombre es Carlos Palanco Vázquez y he nacido en Hornachos en el año 1978. Soy hijo de José y Carmen, y tengo un hermano mayor, Jose. Crecí en Mérida, donde cursé los estudios escolares en el Colegio Salesianos María Auxiliadora. Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Extremadura y especializado en Cardiología en el Hospital Universitario de Badajoz, trabajo actualmente en el Complejo Hospitalario del Área de Salud de Mérida, con especial dedicación a las actividades de asistencia clínica, docencia e investigación. Además de mi actividad médica, atraído por el mundo de las letras, he escrito las novelas «Las tres llaves» y «El Consejo».

De pequeño, ¿ya soñabas con ser médico?

CARLOS - La idea de ser médico comenzó a rondarme en la adolescencia mientras estudiaba bachillerato. Me llamaba la atención la investigación científica y vi en la Medicina una oportunidad muy buena para desarrollar esta faceta. Por esa edad recuerdo que mis padres me compraron un microscopio y mis abuelos me miraban entusiasmados mientras observaba todo tipo de bichejos a través de la lente. Después, conforme estudiaba la carrera de Medicina, notaba como ese ámbito de la ciencia me gustaba cada vez más. Y no fue hasta que comencé a formarme como cardiólogo cuando empecé a comprender de verdad lo gratificante que resulta poder ayudar a las demás personas en su enfermedad.

¿De qué manera ve la Medicina un profesional como tú?

CARLOS - La Medicina la veo ante todo como una oportunidad excepcional que me ha dado la vida para poder ayudar al prójimo en sus momentos de mayor vulnerabilidad. Este punto da sentido a todos los esfuerzos que conlleva esta profesión. Me siento agradecido de poder ayudar así a las personas y, aunque a veces los resultados no son los que uno quisiera, son mucho mayores los motivos de alegría. Como católico que soy, jamás podría desligar la Medicina de mi visión cristiana de la vida. No se me ocurre una mejor forma de interpretar el sentido de mi profesión. Hoy más que nunca, bajo el paraguas constante de la tecnificación, es más necesario que nunca reivindicar la perspectiva humanista de la atención sanitaria.

¿Qué significa Hornachos para ti?

CARLOS - Hornachos es mi pueblo, el pueblo de mi familia, el pueblo que me vio nacer. Mis raíces son todas hornachegas. Me siento muy orgulloso de ser hornachego, un orgullo que ha ido creciendo con el paso de los años, más si cabe viendo como mi mujer e hijos 2 disfrutan tanto del pueblo. En Hornachos encuentro paz al pasear por su hermosa sierra o relajarme en casa de mis padres. Es verdad que, debido a la pandemia y también con motivo del trabajo y los estudios, he ido menos de lo que quisiera en los últimos años, aunque ahora espero poder ir más a menudo. Mérida, la ciudad en la que felizmente me he criado y donde vivo, está cerca, así que la distancia no es excusa para no ir. Más allá de todo, de Hornachos se desprende una nostalgia increíble. Son muchos los recuerdos que me vienen a la mente y que tienen que ver con momentos vividos junto a mis abuelos durante la infancia. También he disfrutado mucho los veranos de mi adolescencia en compañía de grandes amigos y amigas. Es imposible no recordar todas esas vivencias con el mayor de los cariños. Pareciera que fuera ayer, pero no… ¡Cómo pasa el tiempo!

¿Es complicado para ti no llevarte los problemas de tu profesión a casa, sobre todo cuando conoces a los pacientes?

CARLOS - Sin duda, ser médico exige un nivel de responsabilidad que hace difícil separar el trabajo del resto de tus parcelas vitales. Sin embargo, habitualmente consigo desconectar, aunque es cierto que a veces cuesta. Supongo que es algo que, de una u otra forma, nos pasa a muchos en nuestros respectivos trabajos.

¿Cómo ves la Medicina en general en la región?

CARLOS - La Medicina en Extremadura la veo bien, yo me siento orgulloso de lo que observo en mi día a día. Tenemos un gran sistema sanitario, en gran medida por los excelentes profesionales que lo forman. Yo mismo puedo presumir de compartir el trabajo diario con compañeros excepcionales. En el ámbito de la tecnología, creo que cubrimos la mayor parte los requerimientos asistenciales que la población precisa. Son pocos casos, al menos en mi especialidad, los que deben derivarse a otras comunidades. Hay grandísimos profesionales y un conjunto muy amplio de recursos asistenciales. El «pero» vendría por la sobrecarga asistencial a la que con frecuencia se ve sometido el sistema, tal como se ha puesto de manifiesto en la pandemia. Estamos hablando de una población cada vez más envejecida, enferma y con una gran carga de factores de riesgo cardiovascular, y esto, sin duda, genera una exigencia asistencial cada vez mayor. Es un problema generalizado que sobrepasa las fronteras de nuestra región. No hay soluciones fáciles, pero no podemos caer en el conformismo y aceptar este escenario sin más, dejándonos llevar por la inercia de los tiempos. No sé con certeza cuál podría ser la solución, que a buen seguro no es rápida y requerirá de años, pero ha de pasar necesariamente por abordar el problema de forma conjunta por parte de todos los actores del sistema, incluido los propios pacientes. Y aquí, la educación, como en casi todo, juega un papel primordial. Además, no podemos olvidar lo importante que es «cuidar al que cuida», esto es fundamental. En sanidad, como en el resto de profesiones, un profesional motivado es una persona con más capacidad y entusiasmo por generar proyectos y, sobre todo, con más capacidad de empatizar con el prójimo, cuestión primordial en la labor sanitaria.

¿Qué piensas cuando escuchas en los medios de comunicación que muchas de las plazas de médicos internos residentes no se cubren en regiones como la nuestra?

CARLOS - Pienso lo que supongo pensamos todos, que es una pena. En primer lugar, porque eso puede conllevar un déficit de facultativos en un futuro cercano. Y también me genera desazón por que no seamos capaces de atraer a nuestra tierra médicos jóvenes que quieran formarse como especialistas en Extremadura. Yo aposté por mi tierra y no me arrepiento en absoluto, muy al contrario, me siento afortunado de poder ejercer mi profesión aquí, junto a los míos. A nadie se le escapa que nuestra comunidad está necesitada de personas, y más si son jóvenes, que deseen apostar por nuestra región para vivir y ejercer su profesión. Habría que buscar fórmulas atractivas que suscitasen el interés de los jóvenes médicos por formarse con nosotros. De forma más concreta, en el ámbito de la Atención Primaria, donde este déficit de cobertura se ha dejado notar más, es posible que la imagen que se percibe de la Atención Primaria como una especialidad con elevada carga asistencial reste interés a los jóvenes por elegir ser médicos de familia. Es un tema realmente complejo y que obedece a una confluencia de factores, pero lo que está claro es que es una situación que ha de ser solventada desde un diálogo constante entre todas las partes, donde se dé cabida a nuevos modelos de atención que aporten una mejoría real y sostenida en el largo plazo. Vivir en Extremadura es un lujo, yo al menos lo considero así, y más si tenemos en cuenta las posibilidades de interconexión a través del mundo virtual que se ha creado en las últimas décadas, cada vez con más posibilidades de comunicación.

Bien es cierto que no contamos con los medios de transporte que nos gustaría y esto hace que a las personas les cueste apostar por Extremadura para vivir y desarrollar su vida laboral. Confío en que seamos entre todos capaces de cambiar esta inercia. Extremadura lo vale y tenemos muchos recursos naturales y humanos para hacer de nuestra comunidad una tierra atractiva para los jóvenes.

¿Es muy distinta la medicina que ejercen profesionales como tú en los hospitales que la que ejercen compañeros tuyos en zonas rurales?

CARLOS - Son dos formas distintas de abordar los problemas de salud. No conozco bien el trabajo en zonas rurales, pero supongo que habrá un conocimiento más integral de los pacientes, así como un seguimiento más estrecho de determinadas patologías. En el hospital se atienden pacientes que ingresan en momentos concretos y en lo que respecta a pacientes vistos en consulta, se les atiende de patologías específicas acordes al especialista que los ve. Más allá de todo, pudiera pensarse que la medicina rural es más humana y esto no tiene por que ser así, de hecho, la humanidad en la atención de los pacientes ha de ser universal cualquiera que sea el ámbito en el que se atiende al enfermo, da igual que seas cardiólogo, cirujano, médico de familia, enfermero, auxiliar, administrativo, celador, personal de limpieza...

El médico de Atención Primaria es un especialista que ejerce un papel primordial en todo el sistema sanitario, de él depende que se deriven más o menos casos al hospital, que se haga un seguimiento más estrecho del paciente ambulatorio, que se pueda detectar descompensaciones de determinadas patologías crónicas… La Atención Primaria es la puerta de entrada al sistema, si no es capaz de dar respuesta a las demandas asistenciales de la población, esta incapacidad acaba por trasladarse a las urgencias, plantas y consultas hospitalarias. Los pacientes de hoy son más complejos, más añosos, tienen más comorbilidades y toman más medicación que los pacientes de décadas pasadas. Reforzar la Atención Primaria de forma que los médicos de familia puedan atender a sus pacientes durante el tiempo que sea preciso debiera ser una prioridad para la administración.

¿De qué manera ha podido cambiar el COVID la perspectiva que podemos tener los pacientes en general del colectivo de los sanitarios?

CARLOS - El impacto de la pandemia Covid en el mundo en general y en la sanidad en particular ha sido brutal. Se han ajustado protocolos de atención de forma continua conforme evolucionaba las diferentes fases de la pandemia y eso ha exigido un esfuerzo muy importante por parte de gestores, profesionales sanitarios y pacientes, teniendo que adaptar la atención de las patologías habituales a la situación de pandemia vivida en cada momento. Gracias a Dios, actualmente nos encontramos en una fase de la pandemia con menos repercusión en la atención sanitaria global, y todo ello gracias en gran medida a la vacuna, que ha resultado ser un verdadero hito científico que pasará a los anales de la historia de la Medicina. Con todo, hay que ser cautos y estar expectantes ante la evolución de la pandemia. No deja de ser una enfermedad nueva para el ser humano y esto no puede por menos que obligarnos a mostrarnos prudentes ante los cambios epidemiológicos que puedan darse en el futuro. No se puede bajar la guardia en ningún momento. Respecto a los pacientes y su visión de los sanitarios a raíz de la pandemia, inicialmente fue una visión muy reconfortante para los sanitarios, que nos ayudó en los peores momentos y nos hizo sentir que la sociedad estaba con nosotros. La gente era muy consciente del riesgo vital al que nos enfrentábamos y de ese sentimiento nacieron los espontáneos aplausos desde ventanas y balcones. Posteriormente, la percepción ha sido algo distinta y, si bien, creo que la mayoría de la sociedad es muy consciente del gran esfuerzo colectivo que se hizo, hay una parte de la población que se ha olvidado muy rápidamente de todo lo vivido. La memoria es muy frágil. Puedo entender la desazón de algunas personas por las dificultades que han podido percibir en la atención sanitaria en estos últimos años, pero como sanitario, como médico, me veo en la obligación de recordar todo lo que vivimos juntos, que fue mucho e intenso.

¿Te verías siendo médico de pueblo?

CARLOS - Podría verme si no fuera porque no me siento capacitado para ello. La especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria es la adecuada para ejercer en los centros de salud de los pueblos. Tengo amigos y compañeros excelentes que son médicos de familia, sé de su implicación y humanidad. A ningún habitante de pueblo, como puede ser Hornachos, se le escapa lo importante que es contar con un médico de familia que sepa conectar con sus problemas y que trate de ayudarle en todo lo posible. La Sanidad en España es un tesoro del que nos tenemos que sentir muy orgullosos y hemos de preservarlo con auténtico mimo. En otros países, el acceso a la sanidad ni es tan fácil ni, desde luego, tan económico, es esencial que sepamos apreciar esto en su justa medida. Qué hay muchas cosas que mejorar y no hay que caer en el conformismo, sin duda, pero sin dejar de ser conscientes de la inmensa grandeza que supone lo que hemos llegado a construir entre todos. Construir requiere de mucho tiempo y esfuerzo, destruir es bastante más fácil.

¿Le recomendarías que estudiara Medicina en estos momentos a un hijo o hija tuyo?

CARLOS - Con esta pregunta es inevitable que lance una sonrisa y es que, teniendo dos hijos como tengo, es una cuestión que ya me la he contestado hace tiempo. Tengo claro que ellos han de formarse en la profesión que más les guste, siendo conscientes de que hay que llegar a fin de mes con cierta solvencia, de que hay que saber ganarse el pan con dignidad. Trato de no sugestionarlos para que estudien Medicina o cualquier otra carrera, procuro que sean ellos los que vayan descubriendo su propio camino. Mi hijo mayor de diez años no muestra inclinación por las ciencias sanitarias, en gran parte, según me dice, porque le da pena cuando me voy de guardia. Al pequeño de seis años sí parece que le gusta eso de ser médico y yo le animo si es eso lo que quiere. La Medicina exige un gran esfuerzo, pero también aporta muchas satisfacciones. Yo, a la edad de seis años, quería ser astronauta y ahora no soy gran amigo de las alturas que digamos, je, je, je… Así que fíjate lo que pueden llegar a cambiar los niños de opinión.

¿Quién es Carlos Palanco?

CARLOS - Carlos Palanco es un hombre muy normal, con sus virtudes y defectos como todo el mundo. Procuro disfrutar de mi día a día, de lo que hago y de las personas con las que comparto lo que hago. Soy muy familiar y aprecio mucho los momentos que estoy con mis hijos y mujer, padres, hermano… Tengo gustos muy heterogéneos, ya se sabe que «el médico que sólo sabe de Medicina, ni Medicina sabe». Me gusta leer, escribir, la música, el cine, practicar deporte, disfrutar de la comida, charlar con los amigos… En fin, un poco lo que nos gusta a todos. Soy muy consciente de que la vida es un don que Dios nos da y a mis cuarenta y tres años me doy cuenta de que los años pasan acaso más deprisa de lo que uno quisiera. Al margen de las preocupaciones que todos podemos tener en un momento u otro, trato de ser consciente de esta finitud de la vida y procuro disfrutar de ella todo lo que puedo. Por este mismo motivo, no me gusta la gente que se pierde en los detalles y se enfada a la mínima. Si fueran conscientes de que el tiempo que se nos da es tan limitado, quizás harían un esfuerzo mayor por preocuparse de las cosas sencillas de la vida, que al final son las más grandes.

Claro está, después la vida te pone en tesituras que hace difícil que podamos llevar la teoría a la práctica de la forma que quisiéramos, pero las rachas malas también hay que afrontarlas con el mayor optimismo posible. Me gusta pensar que las personas que se acercan a mí se van al menos tan felices como han llegado o más felices aún si es que puedo ayudarlas en algo. Cada persona que tengo frente a mí es única y me da igual su ideología, género, religión, raza, nacionalidad, profesión, dinero… Todos somos especiales y todos debemos sentirnos libres para desarrollar nuestra personalidad como queramos y amando a las personas que queramos. Cuatro días que vamos a estar por aquí (mejor diez si puede ser… je, je, je), es absurdo perder el tiempo en tratar de imponer ideologías, yo soy más de buscar puntos de encuentro. A fin de cuentas, tenemos que convivir unos con otros como para andar enfrentados más allá de las discrepancias propias del necesario debate. La felicidad de las personas, su pleno desarrollo, es una máxima en mi forma de entender la vida. No hay un fin en la vida, la vida es el fin.

¿Cómo te ves dentro de 15 o 20 años?

CARLOS - No lo he pensado nunca. En ese sentido soy bastante pragmático, voy viviendo el día a día. Me gustaría verme como ahora, rodeado de la gente que quiero, trabajando en lo que me gusta y pudiendo disfrutar de los pequeños placeres de la vida.

¿Qué es lo mejor y peor de tu profesión?

CARLOS - Supongo que todos los trabajos tienen su parte buena y su otra parte menos buena. A mí, personalmente, lo que me supone un esfuerzo mayor son las guardias, como creo que le ocurre a una gran mayoría de compañeros. Mantener las puertas de las urgencias abiertas de forma continua supone un gran esfuerzo por parte de todos los sanitarios que hacen labores de atención continuada. Lo mejor de mi trabajo es la parte humana y científica de la Medicina, saber que, desde la ciencia, el aprendizaje continuo y la necesaria empatía puede ayudarse a tanta gente, te hace sentir privilegiado. Es obvio que la responsabilidad que conlleva esta profesión es importante, pero sentir que puedes ayudar a las personas hace que esa responsabilidad, ese esfuerzo, cobre todo el sentido.

¿Cómo ha evolucionado la Medicina en los años que llevas ejerciendo?

CARLOS - Los avances en Medicina son constantes, al menos en Cardiología. El manejo de las cardiopatías que se hace ahora es bastante diferente del que se hacía cuando yo empecé a formarme como cardiólogo en el año 2003. Hay muchas cosas que seguimos haciendo igual, pero también es verdad que las técnicas diagnósticas y los tratamientos que indicamos a nuestros pacientes han evolucionado de forma muy importante. Por ejemplo, cuando empecé la residencia en el Hospital Universitario de Badajoz, se empezaban a implantar los primeros marcapasos de resincronización cardiaca en Extremadura, marcapasos que permiten fortalecer corazones débiles cuando el tratamiento médico no ha sido capaz de hacerlo. Pues bien, antes de esta técnica, muchos de estos pacientes en el mejor de los casos pasaban a lista de espera de trasplante cardiaco y en el peor escenario no llegaban a superar la enfermedad. También se ha avanzado mucho en el manejo percutáneo de determinadas valvulopatías, el tratamiento del infarto de miocardio, la insuficiencia cardiaca, el manejo de arritmias, las técnicas de imagen, el estudio genético… Poco a poco se van generando avances en Medicina y esto es por la investigación científica. Es muy importante que la administración y los propios profesionales seamos muy conscientes de la relevancia que tiene la investigación en nuestra sociedad, no sólo en el ámbito sanitario, también en otras muchas áreas del conocimiento.

Además de la Medicina también has hecho algunos pinitos en la escritura. ¿Qué ha supuesto para ti esta faceta?

CARLOS - La escritura ha resultado ser un descubrimiento maravilloso. Después de terminar la universidad y hacer el examen MIR, me di cuenta de que el mundo era mucho más grande que las cuatro paredes de mi habitación y que los problemas iban más allá de conseguir memorizar los temas del examen de turno. Esta apertura a la vida adulta me causó un esfuerzo adaptativo que, sin saber bien porqué, me llevó a escribir. Y tal fue así que escribí las primeras páginas de mi libro «Las tres llaves» … Aquellos folios los guardé en el ordenador sin esperar nada, quedando relegados al olvido más absoluto, hasta que unos diez años después, viéndolos en mi ordenador, sentí la necesidad de dar un final a la historia que había empezado. Para mí, la escritura es encuentro conmigo mismo, reflexión sobre el mundo, refugio, aprendizaje, diversión por inventar historias fantásticas… Levantarme por las mañanas para escribir cuando aún es de noche ha supuesto una de las experiencias más gratificantes de toda mi vida. Quien quiera que sienta la necesidad de escribir, que lo haga; eso sí, hay que leer mucho. Antes de escritor, se es lector, esa premisa es fundamental.

¿Tiene algún proyecto literario entre manos?

CARLOS - Tengo un manuscrito ya finalizado que espero vea la luz pronto. Es una novela de ficción repleta de nostalgia y en la que Hornachos tiene mucho que ver.

¿Algún sueño por cumplir?

CARLOS - Como diría Calderón de la Barca, «la vida es sueño», ¿qué mayor sueño que la propia vida? Al margen de esta reflexión, mi sueño pasa por ver que la parte humana del ser humano vence a la parte menos humana. España está muy necesitada de concordia y de altura de miras por parte de todos, empezando por la clase política y terminando por el españolito de a pie. Todos hemos de contribuir. Me gustaría pensar que la solidaridad y el deseo de ayuda al prójimo gana la batalla al sectarismo, al afán desmedido de dinero, a las envidias, a los egos, al rencor o al deseo de poder. Hay que ser más permisivos con los errores, estamos construyendo una sociedad de espaldas al 8 perdón. A veces acertamos y a veces erramos, es normal, nadie nace sabido, ni tan siquiera nos vamos de aquí sabidos del todo. El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra, que diría Jesucristo. De tener un sueño, sería ese, ver una sociedad, un mundo, más humano, más justo. Ese sería mi gran sueño.

Y para finalizar, algo que te gustaría que se supiera de ti.

CARLOS - Nada en especial. Soy una persona normal con mis virtudes y mis defectos, como cualquier hijo de vecino. Procuro aprender día a día, y es que la vida resulta ser un continuo aprendizaje a base de experiencias de todo tipo, muchas de ellas buenas, otras no tanto... Y sin más, quiero darte las gracias a ti y a este medio de comunicación por acercarme de una forma diferente a mis paisanos.